Durante la mayor parte de los últimos dos años, los diferenciales se han situado muy cerca del tramo más bajo de su rango histórico. Aquellos inversores que mantuvieron unos niveles más altos de riesgo de crédito continuaron obteniendo una rentabilidad incremental durante este periodo. Hemos decidido limitar el riesgo de crédito en nuestra cartera y hemos reducido la exposición a diferenciales de crédito a un ritmo mayor que el índice. De esta forma, renunciamos a esa rentabilidad incremental para obtener protección frente a una ampliación de los diferenciales y acumular la liquidez necesaria para invertir a valoraciones más atractivas.
Por lo tanto, hemos adoptado un posicionamiento defensivo, con una exposición mayor de la habitual a valores con calificación A y limitada a bonos con calificación BBB. Nuestra asignación sectorial favorece a sectores defensivos, como los de servicios públicos, telecomunicaciones y tecnología, en detrimento de sectores cíclicos, como el industrial y el de automoción. Mantenemos una exposición limitada a bonos de nivel 1 adicional (AT1), híbridos corporativos y títulos subordinados de aseguradoras, lo que refleja una retirada selectiva, y no total, del riesgo de crédito.
Posicionamiento actual: enfoque constructivo sobre la duración
Mantenemos una posición ligeramente sobreponderada en la duración con respecto al índice. Los rendimientos de los bonos gubernamentales son mucho más elevados que en 2021 y, pese al reciente aplanamiento, la curva es mucho más pronunciada. En nuestra opinión, la relación riesgo-remuneración ha mejorado. En el actual repunte del riesgo geopolítico, los mercados de tipos de interés no han actuado como cobertura frente al riesgo, como solía ocurrir cuando se produce una huida hacia activos refugio. Sin embargo, consideramos que esta relación podría volver a imponerse si los inversores creen que existe una amenaza para el crecimiento.
Los últimos resultados, en contexto
El crédito se ha mantenido en niveles sólidos durante más tiempo del previsto. En 2024, los diferenciales se estrecharon y se han situado próximos a mínimos históricos a lo largo de 2024 y 2025. Los inversores que mantuvieron unos altos niveles de riesgo de crédito continuaron obteniendo rentabilidad incremental. En consecuencia, la rentabilidad fue inferior a la del grupo comparable en ambos años: un 4,4% frente al 4,9% del grupo comparable en 2024, y un 2,6% frente al 2,8% en 2025.
Sin embargo, a medio y largo plazo, el panorama cambia. Nos situamos en el primer cuartil a cinco años y desde el lanzamiento del fondo dentro de nuestro grupo comparable. En la última década, nuestro enfoque de inversión ha logrado una rentabilidad superior a la del índice de referencia en el 78% de los periodos sucesivos de tres años4, lo que supone una muestra de constancia tan importante como la rentabilidad de cualquier año particular.
Nuestra postura defensiva podría seguir siendo un lastre si los diferenciales se mantienen estrechos. Sin embargo, nuestro criterio es coherente con un enfoque que nos ha permitido superar la crisis financiera mundial, la crisis de deuda soberana europea y la pandemia de COVID-19.
Dado que el coste de oportunidad de mantener crédito de mayor calidad es relativamente bajo, creemos que estamos bien posicionados para proteger el capital si la situación empeora, así como para invertirlo a valoraciones más atractivas si los diferenciales se amplían.
Después de 20 años, esta disciplina —asumir ciertas concesiones a corto plazo para preservar el posicionamiento a largo plazo— sigue siendo el hilo conductor de nuestra trayectoria. Una estrategia que, si bien no ha sido fructífera en todo momento, sí ha resultado ser beneficiosa con el tiempo.