Análisis Una nueva perspectiva de la renta variable europea: mucho más que un instrumento de diversificación

Benjamin Jones
Georgina Millar
y
Vista de París desde el Arco del Triunfo.

Principales conclusiones

  • A largo plazo, la renta variable europea ofrece valoraciones atractivas, un auténtico giro de la política fiscal, una composición sectorial adaptada al entorno actual, capacidad de generación de ingresos y, además, diversificación.

  • La principal razón para invertir en Europa no radica en la evolución macroeconómica europea, sino en la concentración que caracteriza actualmente al mercado estadounidense.

  • Europa ha sabido adaptarse y ha ganado resiliencia frente a las perturbaciones energéticas. De este modo, si disminuyen las tensiones en Oriente Medio, creemos que mejorará la confianza de los inversores en los activos europeos.

Durante más de una década, la renta variable europea ha estado marcada por un panorama poco alentador: un crecimiento más lento, unos costes energéticos relativamente elevados y la ausencia de grandes empresas tecnológicas capaces de competir con las estadounidenses. Muchos inversores la han mantenido en cartera únicamente con fines de diversificación e incluso han llegado a disculparse por ello, ya que perjudicaba la rentabilidad global de la cartera. 

Sin embargo, creemos que ha llegado el momento de replantearse esa visión. Consideramos que los argumentos a largo plazo para invertir en Europa ya no se sustentan en una única apuesta macroeconómica, sino en una combinación de factores: valoraciones atractivas, diversificación, un auténtico giro de la política fiscal, una composición sectorial adaptada al entorno actual y capacidad de generación de ingresos.  

¿Es Europa un espejismo de valor? Es hora de replanteárselo

En términos generales, Europa sigue considerándose un mercado con valoraciones atractivas. El índice MSCI Europe ex UK cotiza en torno a 15 veces los beneficios futuros, frente a unas 22 veces del índice MSCI USAi. Ese descuento alcanzó a finales de 2024 su nivel más amplio en décadas y comenzó a reducirse en 2025. Sin embargo, que un mercado sea barato no siempre implica una buena oportunidad de inversión. Algunos sostienen que Europa cotiza con descuento únicamente porque carece de un gran sector tecnológico. Si se comparan sectores equivalentes, Europa cotiza mucho más cerca de Estados Unidos, pero ese argumento solo es válido en parte. Los bancos europeos cotizan con descuento frente a los estadounidenses, al igual que el sector industrial y la mayoría de los demás sectores. Por tanto, la diferencia de valoración no responde únicamente a la composición de los índices, sino que también refleja diferencias de valoración entre empresas comparables.

Los sectores financiero, industrial y de atención sanitaria tienen un peso mucho mayor en Europa que en Estados Unidos, donde unos pocos gigantes tecnológicos concentran la mayor parte de los índices. Eso no hace que un mercado sea mejor o peor que el otro: simplemente son distintos. En un entorno caracterizado por unos tipos de interés más elevados y una política fiscal más expansiva, consideramos que un mercado en el que una tercera parte de su valor no depende de la temática de la inteligencia artificial está probablemente mejor posicionado. 

¿Crees que invertir en Europa solo responde a una apuesta por el crecimiento económico? Es hora de replanteárselo 

Creemos que el principal motivo para invertir en Estados Unidos es que el mercado se ha convertido en una apuesta cada vez más concentrada. En el mercado estadounidense, las diez mayores empresas representan ya alrededor del 35% del S&P 500, mientras que la cifra equivalente en el STOXX 600 ronda el 15%ii. Cada vez más, invertir en el índice estadounidense significa concentrar la inversión en unas pocas empresas estrechamente correlacionadas entre sí. 

En el último año, la correlación entre los mercados estadounidense y europeo se ha reducido. Aunque la correlación entre el MSCI Europe ex UK y el MSCI USA sigue siendo lo bastante elevada como para beneficiarse de las subidas de la renta variable mundial, también es suficientemente baja como para aportar una diversificación real. Además, existen indicios de una mayor dispersión entre los valores europeos, lo que podría ofrecer un entorno especialmente favorable para que la gestión activa genere valor mediante la selección de valores.

La razón para invertir en Europa no es "que vaya a convertirse en el nuevo Estados Unidos", sino que unas carteras excesivamente concentradas podrían beneficiarse de una mayor diversificación. 

¿Crees que Europa no puede recurrir al estímulo fiscal? Es hora de replanteárselo 

Creemos que el mercado sigue sin valorar plenamente el alcance de este cambio estructural. En marzo de 2025, Alemania reformó su freno constitucional al endeudamiento, lo que permitirá aumentar el gasto en defensa y financiar inversiones en infraestructuras y en transición climática durante los próximos doce años. La importancia de estas medidas va mucho más allá de Alemania. Reflejan el paso de un continente centrado en la austeridad a otro orientado al crecimiento. En nuestra opinión, este cambio debería estimular la inversión productiva, la actividad industrial y los sectores mejor posicionados para beneficiarse de esta tendencia.

Conviene no perder de vista un matiz importante: un compromiso fiscal no garantiza resultados. La ejecución y el momento en que se lleve a cabo serán determinantes. Sin embargo, ya hay indicios de que Alemania está destinando más recursos a la producción nacional de equipamiento militar, en lugar de recurrir a proveedores estadounidenses, y de que los permisos para proyectos de construcción están aumentando. La tendencia ha cambiado y creemos que ese cambio favorecerá a los mercados europeos. 

¿Crees que la "IA" es territorio exclusivo de EE. UU.? Es hora de replanteárselo

Europa no superará a Estados Unidos en infraestructuras para la IA ni liderará el desarrollo de los modelos más avanzados. Además, su sector tecnológico cotizado es mucho más reducido que el estadounidense. Sin embargo, la cadena de valor de la IA llega mucho más allá de los diseñadores de chips y las plataformas de software. Europa tiene una fuerte presencia en las empresas que hacen posible esa expansión y obtienen beneficios de ella: empresas de automatización industrial, fabricantes de bienes de equipo e ingeniería que suministran la infraestructura necesaria, así como empresas de servicios públicos que afrontan un aumento estructural de la demanda energética para hacer funcionar esa infraestructura. 

Las empresas de servicios públicos son un buen ejemplo. Es precisamente en este sector donde la inversión en activos fijos (CapEx) alcanza sus niveles más elevados en Europa. Aunque durante años se ha visto penalizado por las dudas sobre la rentabilidad futura de esas inversiones, el aumento de la demanda derivado del desarrollo de la IA exige reforzar las redes eléctricas y la capacidad de generación. Los bancos también están bien posicionados para beneficiarse de un ciclo favorecido por el gasto público y la inversión en infraestructuras. Además, el crecimiento del crédito en Europa está mejorando. La idea no es que Europa lidere el desarrollo de la IA, sino que deje de quedarse al margen. 

¿Crees que Europa no puede ofrecerte rentabilidad mientras esperas? Es hora de replanteárselo

Para los inversores que buscan algo más que beta, Europa también destaca por la solidez de sus balances y su capacidad de generación de ingresos, una combinación que hoy Estados Unidos difícilmente puede igualar. Esto resulta especialmente relevante cuando algunas de las grandes tecnológicas estadounidenses están reduciendo las recompras de acciones para financiar enormes inversiones en activos fijos. En Europa, el nivel general de apalancamiento es bajo y el ahorro de los hogares es elevado. En un entorno de tipos de interés más altos, esa resiliencia debería valorarse más. Además, los hogares europeos mantienen una parte importante de sus activos financieros en efectivo con baja rentabilidad y creemos que, a medida que mejore el comportamiento de la renta variable, parte de ese capital podría acabar invirtiéndose en renta variable europea.

La diferencia en generación de ingresos entre la renta variable estadounidense y la europea también es considerable. La rentabilidad por dividendo del S&P 500 ha caído hasta situarse en torno al 1%. En Europa, en cambio, la rentabilidad total para el accionista, resultado de la combinación de dividendos y un elevado ritmo de recompra de acciones, se sitúa muy por encima de ese nivel. Solo los bancos europeos ofrecen un rendimiento total para el accionista cercano al 8%, pese a cotizar apenas por encima de su valor contable. Para los inversores que priorizan la rentabilidad total y la protección frente a las caídas, recibir ingresos mientras mantienen posiciones en renta variable europea constituye uno de los pilares de nuestra tesis de inversión. 

Aunque persisten los riesgos, los argumentos a favor de Europa son más sólidos.

La tesis de inversión en Europa dista de ser perfecta y no está exenta de riesgos.  

Uno de ellos es el encarecimiento de la energía como consecuencia del conflicto en Oriente Medio. No obstante, su impacto sigue siendo muy inferior al de 2022. En los últimos cuatro años, Europa se ha adaptado y ha reforzado su resiliencia frente a este tipo de perturbaciones. Hoy importa más gas de Noruega y de Estados Unidos, y también ha aumentado la producción de fuentes alternativas de energía, como la energía nuclear en Francia. Esta perturbación sigue representando un obstáculo cíclico para el crecimiento y ejerciendo presión al alza sobre la inflación, pero todavía no cuestiona la tesis de inversión de la renta variable europea. Si disminuyen las tensiones en Oriente Medio, esperamos que mejore la confianza de los inversores en los activos europeos. 

Además, después del fuerte repunte registrado en los últimos meses, Europa ya no cotiza a unos niveles tan bajos en términos absolutos. Sin embargo, siguen existiendo algunos de los retos que la diferencian de Estados Unidos, como un menor crecimiento estructural, una mayor carga fiscal para las empresas, un acceso más limitado al capital o su exposición al comercio internacional y a China. 

Los inversores no necesitan que Europa sea perfecta, sino un mercado que, en igualdad de condiciones, siga siendo más barato que el estadounidense, esté mucho menos concentrado, cuente con una política fiscal más expansiva, una composición sectorial adaptada al entorno actual y pueda ofrecer tanto generación de ingresos como crecimiento de los beneficios. En este sentido, creemos que el consenso sigue infravalorando el potencial de Europa. 

Si tu cartera sigue respondiendo al mismo enfoque de inversión que hace diez años, quizá haya llegado el momento de revisarlo. Europa podría volver a tener cabida en ella.

  • Riesgos de inversión

    El valor de las inversiones y el de cualquier renta fluctuará (en parte como consecuencia de las fluctuaciones de los tipos de cambio) y es posible que los inversores no recuperen la totalidad del importe invertido.

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    Datos a 30/05/2026 a menos que se indique lo contrario.

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