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¿Por qué los inversores deberían apoyar un Metaverso abierto?

¿Por qué los inversores deberían apoyar un Metaverso abierto?

La vida imita al arte

La carrera por construir un Metaverso de pleno derecho está en marcha. Aunque nadie puede afirmar con certeza cuál será el resultado, parece razonable sugerir que es probable que una de las dos siguientes situaciones se haga realidad.

La primera, en términos generales, sería un Metaverso realmente abierto a todos. La segunda, también en términos generales, sería un Metaverso que esté controlado de facto por unos pocos.

Una versión extrema de esta última puede verse en Snow Crash, la novela de ciencia ficción de principios de los 90 que introdujo el concepto de Metaverso. El libro muestra a una sola empresa, Global Multimedia Protocols Group, que domina todas las propiedades de la Calle, la única carretera que recorre la circunferencia de un planeta virtual que por lo demás es monótono y anodino.

Este escenario lleva tiempo demostrando ser extrañamente profético. Recordemos que Snow Crash se escribió cuando incluso internet estaba aún en su infancia. Treinta años después, tenemos una red mundial en la que, aunque quizás no haya un monopolio como tal, el poder se concentra fundamentalmente en un puñado de gigantes tecnológicos.

Los legisladores fracasaron a la hora de prepararse para esta eventualidad. Hoy en día, como demuestra la pila de legislación antimonopolio que recorre con retraso su camino a través del sistema político estadounidense, están intentando desesperadamente ponerse al día y no quieren volver a repetir el mismo error.

Como resultado, ahora las fuerzas antimonopolio están poniendo la mirada en el Metaverso. Por ejemplo, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) ya se ha percatado de que es probable que Meta (antes conocida como Facebook) lleve a cabo prácticas anticompetitivas en la búsqueda del sueño declarado de Mark Zuckerberg de un "internet personificado".

¿Deberían los inversores (en lugar de, por ejemplo, los devotos de Fortnite ) preocuparse por esta batalla en curso? Como alguien que cree tanto en la primacía de los mercados libres como en la enorme capacidad disruptiva de la innovación, creo sin duda que deberíamos. Déjeme intentar explicar por qué.

"Copiar, adquirir, matar"

A la incapacidad de la comunidad legislativa de seguir el ritmo de la innovación se le llama en ocasiones "el problema del ritmo". El férreo control de las grandes tecnológicas sobre internet representa un caso típico de este fenómeno, y el dominio de las redes sociales por parte de Facebook quizá sea el ejemplo más ilustrativo de todos.

Facebook se pasó casi 20 años sentando las bases de su supremacía. La estrategia de absorber otras startups de redes sociales (los casos más famosos son los de Instagram y WhatsApp) en lo que sus detractores han llamado un enfoque de "copiar, adquirir, matar" ha sido fundamental para su crecimiento.

En 2020, cuando demandó a la empresa por estas adquisiciones, la FTC citó correos electrónicos internos en los que los ejecutivos de Facebook diseñaron planes para gestionar la amenaza de sus potenciales rivales. Uno de los mensajes recogía en detalle la convicción de Zuckerberg de que sería "mejor comprar que competir".

En octubre del mismo año, tras una investigación de 16 meses, el subcomité de legislación antimonopolio, comercial y administrativa del Congreso de Estados Unidos publicó finalmente una serie de recomendaciones para fomentar la competencia en el mercado tecnológico. En junio de 2021 el Comité de la Cámara de Representantes sobre el poder judicial aprobó seis leyes relacionadas.

Aunque no identifican a empresas concretas, es evidente que las leyes propuestas se dirigen a las plataformas tecnológicas líderes. Abarcan preocupaciones como las fusiones y adquisiciones, la acumulación de datos y el "self-preferencing" o trato de favor a los servicios de la propia plataforma, un controvertido modus operandi entre empresas como Amazon, Apple y Google.

En otros lugares del mundo se han puesto en marcha medidas análogas, incluyendo la Unión Europea, el Reino Unido, Australia y Corea del Sur. Gracias al problema del ritmo, todas ellas están hasta cierto punto lastradas por la sensación de que es demasiado tarde. Hay progresos, pero en el mejor de los casos son lentos y en el peor, tortuosos.

Mientras tanto, como suele ocurrir, hay señales crecientes de que la historia rima, si es que no se repite. Junto con el resto de mastodontes tecnológicos, la empresa antes conocida como Facebook está ahora siendo acusada de intentar arrinconar otro mercado naciente.

Las grandes tecnológicas se alzan de nuevo

En 2014, mucho antes de que el Metaverso empezara a ganar atención a gran escala, Facebook compró Oculus, un fabricante de visores de realidad virtual. Siete años más tarde, Facebook se convirtió en Meta, y hoy en día su marca Oculus Quest 2 supone cerca del 75% de todas las ventas de visores de realidad virtual.

Un motivo de este porcentaje podría ser que los visores de Oculus son varios cientos de dólares más baratos que cualquier otro dispositivo comparable. Supuestamente, la FTC está investigando si están vendiéndose con pérdidas de forma deliberada.

Al menos una startup del mercado de visores de realidad virtual se ha quejado públicamente de que es imposible hacer frente a la combinación de tecnología vanguardista y precio de mercadillo que hace Oculus. Pero, por supuesto, esto no es estrictamente cierto.

Entre las empresas aparentemente decididas a competir están Apple y Google, lo que quizás sea revelador. Se dice que ambas están trabajando en visores de realidad virtual que podrían competir tanto en términos de tecnología como, presuntamente, de coste.

Entretanto, Meta también se ha hecho con Within, una empresa especialista en productos, contenido, software y herramientas tanto para realidad virtual como aumentada. Esta adquisición, por la que se dice que ha pagado 400 millones USD, está sujeta a otra investigación más de la FTC. Además, ha adquirido una serie de desarrolladores de juegos de realidad virtual, incluyendo Downpour Interactive, Unit 2 Games, BigBox VR, Beat Games y Sanzaru Games.

De manera similar, en enero de este año Microsoft desveló su intención de adquirir Activision Blizzard, una de las empresas de videojuegos más grandes del mundo, por unos 70.000 millones USD. Esto también ha despertado el interés de la FTC.

En vista de estos y otros movimientos, es fácil comprender a quienes dicen que solo los principales actores pueden esperar prosperar en el Metaverso. También es fácil entender los miedos de todos los que deberán enfrentarse a un duro dilema: aceptar ser adquiridos o una destrucción casi inevitable.

En defensa de un Metaverso abierto

En una entrevista el año pasado, el director ejecutivo de Epic Games, Tim Sweeney, advirtió de la posibilidad de otro oligopolio online. "Ahora, se ha puesto de moda entre las empresas tecnológicas hacer cualquier cosa con la que creas que puedes salirte con la tuya", dijo, "y eso no es suficiente".

Sweeney está entre los defensores del Metaverso abierto más importantes del sector. Dejó clara su postura cuando en 2017 Epic lanzó Fortnite, un hito en la creación de entornos virtuales.

Con una compatibilidad entre plataformas prácticamente desconocida hasta el momento, Sweeney animó a los grandes nombres del sector a cooperar. Sus habilidades de persuasión consiguieron que los usuarios de diferentes consolas de videojuegos pudieran jugar a Fortnite juntos.

Este ideal continuó hasta agosto de 2020, cuando Apple quitó Fortnite de su tienda online después de que Epic implementara su propio sistema de pagos en la aplicación. Más tarde, ambas empresas acabaron yendo a juicio, ya que Epic cuestionaba la legalidad de la comisión del 30% y las restricciones de pago de Apple.

Epic también tomó medidas contra Google. "Apple y Google están recaudando un impuesto muy jugoso quedándose con nuestro dinero (que no han hecho nada para ganar) y tienen servicios que nos obligan a usar", declaró Sweeney el año pasado. Tras numerosas apelaciones, el caso continúa.

Pese a las complejidades legales, el argumento de Sweeney es bastante sencillo. Cree en la ley de Metcalfe, que básicamente afirma que el valor de una red sube con el número de usuarios.

"Los beneficios de tener más actividad y apertura para todos son mucho mayores que cualquier otro beneficio temporal de tener el control", ha dicho Sweeney sobre la futura arquitectura del Metaverso. "Queremos que cada componente del sistema sea válido por si mismo y no use la dominación o un poder de mercado significativo para forzar la adopción... Solo así conseguiremos una economía realmente duradera, libre y justa".

 

Oligopolio versus egoísmo ilustrado

Otros defensores del Metaverso abierto incluyen a Roblox, que salió a bolsa en 2021 y solo unos meses después reveló sus planes de construir un entorno virtual en torno a su comunidad de usuarios. Es importante señalar que la empresa ha destacado sistemáticamente que los propios usuarios deberán llevar a cabo gran parte de la construcción. Como Unity, otra plataforma respetada, Roblox favorece un modelo de negocio que se basa en que los usuarios generen contenido y moneticen su trabajo.

Incluso el autor de Snow Crash, Neal Stephenson, quiere impedir la amenaza de un Global Multimedia Protocols Group en la vida real. Ahora, el hombre al que se atribuye la invención del Metaverso está lanzando el suyo propio bajo un proyecto conocido como Lamina1. "Hay muchas personas que quieren unirse al Metaverso y construir sus sueños y sus ideas, hacer realidad su creatividad o sus ambiciones comerciales", declaró este año.

Según Sweeney, un Metaverso verdaderamente abierto constituiría un reflejo espectacular del egoísmo ilustrado, la idea filosófica de que aquellos que ayudan a los demás en el fondo se están ayudando a sí mismos.

Como inversores, es muy probable que pudiéramos beneficiarnos de un Metaverso en el que las grandes empresas puedan perpetuar su dominio. Tampoco deberíamos perder de vista que los mercados son esencialmente darwinianos y meritocráticos, y como consecuencia de ello, los leviatanes establecidos están destinados a sacar pecho de tanto en tanto.

Pero a largo plazo, los oligopolios tienden a sofocar la innovación. Por el contrario, una mezcla saludable de competición y colaboración tiende a fomentar el progreso. Es probable que un mercado ofrezca más oportunidades, tanto para los inversores como para los consumidores, si las nuevas incorporaciones sienten que tienen una oportunidad decente de sobrevivir y prosperar.

La legislación antimonopolio podría ayudar a este respecto en los orígenes del Metaverso, aunque solo sea poniendo trabas burocráticas a las grandes tecnológicas durante un par de años. Sus efectos están por ver.

Por su parte, los inversores pueden identificar y apoyar a empresas atractivas del Metaverso en todo el espectro de capitalización de mercado. También podemos contribuir recordando que, al igual que un universo virtual, un universo de inversión se enriquece invariablemente gracias a la multiplicidad y la variedad de sus constituyentes.

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