Información general
Según nos acercamos a 2026, los inversores se enfrentan a un panorama complejo marcado por un crecimiento económico más moderado —aunque todavía positivo—, presiones inflacionarias por encima del objetivo —aunque en gradual descenso—, cambios cautelosos en la política de los bancos centrales y persistentes factores de incertidumbre en clave geopolítica.
Aunque los riesgos siguen estando presentes, creemos que lo más probable a corto plazo es un escenario “adecuado”, en el que los bancos centrales deberían ser capaces de mantener un entorno de crecimiento bajo, pero en proceso de mejora, sin excesivas presiones inflacionarias. En general, consideramos que este contexto de mercado es relativamente favorable y prevemos rendimientos modestamente positivos en los activos de riesgo durante los próximos meses y trimestres.
Perspectivas macroeconómicas y riesgos clave
Se prevé que el crecimiento mundial se modere ligeramente por debajo del 3%, un nivel que a menudo se considera la tendencia a largo plazo del PIB mundial, y se espera que la desaceleración más acusada se produzca en Estados Unidos. El crecimiento del PIB estadounidense descenderá por debajo de su tasa a largo plazo del 2%, impulsado por los elevados tipos de interés a largo plazo que están frenando el consumo, junto con los factores de incertidumbre actuales, como los aranceles comerciales y los cambios en la política de inmigración. Las condiciones del mercado laboral también se han debilitado: el crecimiento del empleo ha caído muy por debajo de la media histórica de 150.000-200.000 puestos de trabajo.
Sin embargo, en nuestra opinión, este entorno de bajo crecimiento carece del impulso negativo, el endurecimiento de las condiciones crediticias y el deterioro de la confianza de los consumidores que, históricamente, han sido catalizadores clave para convertir un crecimiento económico más lento en una recesión propiamente dicha. En cambio, el superciclo tecnológico estructural, los renovados estímulos de la política fiscal, la modesta flexibilización de la política monetaria y la paulatina desescalada de las tensiones comerciales mundiales parecen ser importantes factores favorables para compensar la debilidad en otras áreas como la industria manufacturera, la vivienda, el comercio y el empleo en general, al menos por ahora.
En cuanto a la inflación, siguen existiendo riesgos al alza, especialmente en Estados Unidos, donde los posibles nuevos aranceles podrían elevar la inflación subyacente y reavivar las preocupaciones por la estanflación. Dicho esto, las recientes tendencias inflacionarias mundiales han evolucionado en la dirección correcta. El fuerte aumento y posterior descenso de la inflación se han debido a una serie de perturbaciones únicas: interrupciones generalizadas del suministro, unidas a una fuerte demanda tras la pandemia y seguidas de las subidas de los precios de las materias primas impulsadas por la guerra en Ucrania. A medida que las cadenas de suministro se normalizaron, la política monetaria más restrictiva comenzó a frenar la demanda y los mercados laborales se estabilizaron, la inflación descendió rápidamente sin provocar una desaceleración económica importante. A pesar de algunos baches en el camino, esperamos que este dinamismo positivo continúe en 2026, y se prevé que la mayoría de las economías del G20 alcancen los objetivos de los bancos centrales en el nuevo año.
La interacción entre un crecimiento mundial más lento, aunque positivo, y una inflación superior al objetivo, pero en descenso, será fundamental para perfilar la política monetaria y la dinámica del mercado. En la actualidad, esperamos un cambio paulatino y constante hacia una política más flexible, especialmente por parte de la Reserva Federal, siempre que no se produzcan perturbaciones importantes y que las decisiones sigan dependiendo de los datos.
Más allá de los fundamentales económicos y la política de los bancos centrales, los riesgos geopolíticos siguen siendo una consideración clave para los inversores. Aunque parece que, por ahora, hemos superado el punto álgido del conflicto, las tensiones estructurales y las disputas comerciales en curso siguen alimentando la preocupación por la presión inflacionaria y la interrupción de las cadenas de suministro.
¿Cómo estamos posicionando las carteras para el próximo año?
A pesar de los evidentes retos y los riesgos a la baja, consideramos que el contexto general del mercado es relativamente positivo dado que los principales indicadores económicos y de tolerancia al riesgo que observamos sugieren una alineación positiva con la fase de “recuperación” del ciclo económico. En esta fase, normalmente esperamos rendimientos positivos modestos en los activos de riesgo a medio plazo. Como resultado, buscamos aumentar de forma selectiva el riesgo general de la cartera, por lo que nos decantamos por una sobreponderación en renta variable frente a la renta fija.
En el marco de la renta variable, mantenemos una postura neutral entre Estados Unidos y los mercados desarrollados más allá de dicho país, si bien los mercados no estadounidenses resultan cada vez más atractivos, especialmente para los inversores extranjeros. Por un lado, el dinamismo de los beneficios estadounidenses sigue superando al de otros mercados, impulsado principalmente por la tecnología, lo cual favorece a la renta variable estadounidense. Por otro lado, nuestra visión bajista sobre el dólar, que basamos en el estrechamiento de los diferenciales de rendimiento de esta divisa y las sorpresas positivas en el crecimiento mundial, se considera en general un fuerte impulso para las exposiciones internacionales a renta variable sin cobertura.
En renta fija, aumentamos el riesgo de crédito a una sobreponderación moderada. Sin embargo, dado que los diferenciales se encuentran cerca de mínimos históricos, el argumento a favor del crédito de riesgo se limita a obtener rendimientos más altos en relación con el crédito y la deuda pública de calidad en un entorno de mejora del crecimiento y estabilidad de la inflación. Nos decantamos por exponernos a deuda local de mercados emergentes dada nuestra visión más pesimista sobre el dólar estadounidense.