Sin embargo, la depreciación del dólar reduce el coste de servicio de la deuda denominada en dólares para estos países, lo que alivia la presión financiera y estimula el crecimiento en ellos. De hecho, los costes de financiación en los ME se han reducido y, como pone de manifiesto el J.P. Morgan Emerging Market Bond Index, los diferenciales frente a los bonos del Tesoro de EE. UU. son los más estrechos de los que se tiene registro.
Un dólar más débil, por lo general, beneficia más a la renta variable de mercados emergentes, ya que es positivo para los precios de las materias primas y atrae mayores entradas de capital de inversores en busca de rentabilidades potencialmente más altas fuera de EE. UU.
Consideramos que actualmente se dan las condiciones para un periodo multianual de debilidad del dólar como el que vimos entre 2002 y 2007.
- El USD registró una fuerte caída en el primer semestre de 2025, cuando los inversores empezaron a poner en tela de juicio la narrativa del excepcionalismo estadounidense. Aunque la caída del índice del USD (DXY) fue mayor que en 1973 —año en que EE. UU. abandonó el patrón oro—, sigue sobrevalorado según la mayoría de indicadores, incluidos los tipos de cambio efectivos reales y las métricas de paridad del poder adquisitivo.
- El cambio de narrativa implica también que el USD ha dejado de considerarse una divisa refugio que ofrece buenos resultados en periodos de aversión al riesgo. Es más, el patrón tradicional del USD se ha invertido por completo. Aunque el gobierno estadounidense se ha mostrado contradictorio en cuanto al dólar, nuestra opinión es que lo prefiere débil.
- Más allá de este cambio en la percepción de EE. UU., prevemos bajadas de tipos a corto plazo en el país en 2026 que contrastarán con el aumento de los rendimientos en Japón y un BCE que, probablemente, mantendrá los tipos sin cambios. El estrechamiento de las diferencias de rendimiento implica una reducción de los costes que los extranjeros deben asumir para cubrir su exposición al USD en sus posiciones en activos estadounidenses, y una mayor cobertura de divisas ejercería presión a la baja sobre el USD.
Históricamente, un USD más débil ha beneficiado a la renta variable y la deuda de los mercados emergentes.
Las políticas en los ME, cada vez más favorables para los accionistas
Hace unos años, era habitual oír a los inversores lamentarse de que China no fuera un país adecuado para invertir. Algunos temían que su dinero no estuviera seguro en determinados mercados emergentes; más que la rentabilidad sobre el capital, les preocupaba la recuperación del capital.
Si pensamos en los inversores con activos rusos en 2022, vemos que no se trata de un miedo infundado. Sin embargo, creemos que, en general, estos temores son exagerados, ya que a día de hoy los mercados emergentes, incluido China, ofrecen políticas mucho más favorables para los accionistas.
En los últimos años, las autoridades chinas han enviado señales claras de querer fomentar la inversión bursátil a nivel nacional y considerar el mercado un medio para crear riqueza.
- Aunque no creemos que el sector del consumo doméstico en China vaya a acelerar repentinamente —pese a los esfuerzos de las autoridades por impulsar la demanda interna—, observamos que los hogares del país mantienen actualmente una elevada liquidez y podrían seguir aumentando sus posiciones en el mercado bursátil interno, lo que probablemente proporcionará cierto respaldo a largo plazo. Además, el mercado podría ver con buenos ojos una menor demanda interna.
- De hecho, la Comisión Reguladora de Valores de China se está planteando aumentar los umbrales de cumplimiento para las empresas de China continental que quieran cotizar en Hong Kong para reducir el riesgo de que las empresas más débiles puedan perjudicar la percepción de los inversores sobre los activos chinos.
- Por último, tras años intentando desarrollar una importante capacidad industrial sin apenas prestar atención a la rentabilidad del capital, las políticas de “antiinvolución” de China se centran ahora en mejorar los márgenes y la rentabilidad para los accionistas. Aunque este cambio no se producirá de la noche a la mañana y el país tiene aún un gran exceso de capacidad, el cambio de rumbo está ya en marcha.
No obstante, es en Corea donde las políticas son mucho más favorables para los accionistas. Los políticos y legisladores coreanos son cada vez más conscientes de la participación del electorado en los mercados de renta variable, ya sea directamente a través de cuentas bursátiles o fondos de pensiones. Esto ha dado lugar a que la mejora de la rentabilidad del mercado se convierta en una cuestión política, lo que ha aumentado los incentivos para impulsar la reforma del gobierno corporativo.
Tanto es así que el programa “Value-up” de Corea, en vigor desde febrero de 2024, recibió un nuevo impulso en julio de 2025, cuando el Parlamento aprobó una revisión de la Ley de sociedades que reforzaba el deber fiduciario de los miembros del consejo hacia los accionistas minoritarios. El objetivo del programa es reducir el llamado “descuento coreano” y atraer a inversores extranjeros promoviendo un mejor gobierno corporativo, una mayor eficiencia del capital y un aumento de la rentabilidad para los accionistas mediante dividendos y recompras más sólidos.
¿Pero la desglobalización no suponía un obstáculo?
Tradicionalmente, los mercados emergentes han recurrido a la demanda externa para respaldar su crecimiento. Desde siempre, su enfoque ha sido exportar a países más ricos.
Por ello, un mundo en el que el objetivo de EE. UU. es alterar las condiciones comerciales podría plantear muchas dificultades para estas regiones. Probablemente, EE. UU. sea ahora un socio comercial menos relevante que antes para muchos países, sobre todo para China. Sin embargo, conforme las naciones emergentes se replantean si EE. UU. es o no un socio fiable, van cerrando nuevos acuerdos con otros países. Por ejemplo, hace poco, la UE e India acordaron una amplia reducción recíproca de sus aranceles.
Asimismo, cabe señalar que, si se tiene en cuenta el FTSE All Share Emerging Market Index, solo en torno al 15 %2 de los ingresos de estas empresas procede de Norteamérica, ya que el grueso se genera a partir del comercio entre mercados emergentes. Aunque diversificarse más allá de EE. UU. podría haber resultado perjudicial para los inversores entre 2009 y 2024, una menor exposición a este país podría ser positiva en la actualidad.
Paradójicamente, el aumento de las tensiones geopolíticas y el cambio en las dinámicas globales podría favorecer ahora a unos mercados emergentes centrados en la necesidad de reforzar otras relaciones.
¿Estamos al comienzo de una tendencia multianual?
Desde 2009, la renta variable de los mercados desarrollados ha superado en rentabilidad a la de los mercados emergentes. Sin embargo, esta tendencia cambió en 2025 y, hasta ahora, se ha mantenido en 2026. Creemos que existen razones de peso para pensar que lo hará también en el futuro, como ya ha pasado durante largos periodos en el pasado. Gran parte del universo de ME ofrece abundantes oportunidades, así como empresas con potencial de sorprender al alza.
Puesto que 2026 es el año chino del caballo, debería traer consigo una intensa energía, cambios rápidos y gran ambición, tres características que describen fielmente nuestras perspectivas ya no solo para China, sino para los mercados emergentes en su conjunto.